El canguro

Características Cuerpo pesado con unas patas delanteras pequeñas y traseras largas con una fuerza increíble. Cola larga y musculosa. Las hembras tienen una bolsa incubadora El canguro normalmente es un animal más alto que el hombre. Los más grandes alcanzan hasta 3 metros de longitud incluida la cola que les sirve de puntal. Andan a saltos, y la disposición de sus patas y cola les permite alcanzar increíbles velocidades. La cabeza fina tiene grandes orejas que se mueven independientemente una de otra. Los canguros prefieren terrenos despejados. Se suelen reunir en rebaños de 30 a 50 individuos. Durante el día descansan y al atardecer o por la noche salen a buscar comida. Son tímidos y huyen a la menor señal de peligro. No obstante, si se sienten amenazados, cambian de carácter y utilizan la uña corva y muy afilada de sus patas posteriores con la que pueden causar terribles heridas. Si en el caso del hombre el récord mundial de salto de altura es de 2,44 m y el de longitud de 8,90 m, el canguro puede superar los 3,30 m de altura y los 9 m de longitud; no obstante, sólo alcanza estas cifras cuando huye y se encuentra en terreno descubierto frente a un depredador. Sin embargo, cuando se dirige a un manantial o quiere establecer contacto con un congénere, sus saltos no sobrepasan los 1,90 m de longitud. Este avance, exclusivamente bípedo (con las patas traseras), da la impresión de que el canguro salta como movido por un resorte. En esta forma de desplazamiento puede alcanzar los 20 km/h., sin embargo, cuando se siente amenazado, el animal se lanza a una velocidad superior. El larguísimo calcaneo (hueso del tarso que forma el talón) actúa como una palanca en los tendones y ligamentos del talón. Cuanto más rápidamente se desplaza el canguro, mayor tensión de los elementos elásticos provoca la fuerza aplicada a esa palanca. Cuando el animal despega para hacer un salto rápido, recupera la energía acumulada, lo que explica la disminución del consumo de oxígeno. Pese a su carácter más bien plácido, el canguro sabe defenderse muy bien. En época de apareamiento son comunes las luchas, los canguros empiezan por intimidarse enfrentándose de pie uno frente a otro y a continuación se agarran con las dos manos. Estos combates rara vez son mortales, ya que generalmente el canguro más débil interrumpe la lucha y huye, pero si el combate adquiere tintes de violencia se asestan golpes con los pies. Reproducción Sin duda, el rasgo más aparente de los canguros es su marcha a saltos pero, desde el punto de vista biológico, quizá sea más sorprendente el marsupio o bolsa marsupial. Su existencia constituye una ingeniosa solución, única en el reino animal (aunque compartida con otros marsupiales), que no sólo permite la eficiente reproducción en tres fases, sino un cuidado de la cría a un nivel máximo, superior incluso a la tradicional protección de los mamíferos más evolucionados. Es conocida la importancia de esta protección en la supervivencia de la prole y, por tanto, en la pervivencia de la especie. El marsupio es como una guardería completa: proporciona a la cría alimento, calor, descanso, seguridad... La hembra no necesita emitir sonidos de alarma (como hacen los ungulados) para que su cría la siga en caso de peligro: basta con huir presta, sabiendo que su cría está segura en su interior. Ésta no sale si no es imprescindible: cuando ya está crecida y alterna la leche con hierba, asoma la cabeza para intentar arrancarla, pero sin llegar a salir de la bolsa. Y cuando ya es tan grande que está más tiempo fuera que dentro, acude a ella para mamar. Tomará una leche de composición distinta a la que toma simultáneamente el embrión que ya ha nacido y que se encuentra dentro del marsupio. El canguro macho fecunda a la hembra igual que cualquier otro mamífero. El embrión se fija en el útero pero no se forma placenta, por lo que cuando se acaba el alimento que tenía el propio embrión, se produce un parto y sale al exterior un feto que no ha terminado su desarrollo (al nacer miden a penas 3 cm.). El cangurito se mueve agarrándose al pelo de la madre y trepa hasta introducirse en el MARSUPIO (los canguritos sólo tienen completamente formadas las manos, con las que se agarran al pelaje dentro de la bolsa de su madre), bolsa de piel en cuyo interior están las mamas. El feto se sujeta a una de las mamas y ahí permanecerá hasta completar su desarrollo, saliendo posteriormente al exterior. A los dos días de haber nacido el embrión, la hembra ya entra en celo, lo que es detectado por los machos gracias al peculiar olor que emite. En seguida se apareará con el dominante, que peleará por ello si es necesario. El óvulo será fecundado, pero sólo se dividirá unas cuantas veces, permaneciendo en un estado de blastocito latente muy precoz (no es más que un grupo de menos de cien células y de un cuarto de milímetro de longitud) dentro del útero. Transcurrido más de medio año, únicamente reanudará su desarrollo cuando la cría que hay en el marsupio lo abandone. Entonces crecerá durante un mes hasta convertirse en el pequeño embrión que nace y se introduce en la bolsa. Vemos, pues, que los canguros son unas eficientes máquinas de procrear que actúan en tres fases perfectamente sincronizadas: mientras la madre presta protección y los últimos cuidados a la cría que ya está fuera de la bolsa, otra va creciendo dentro al tiempo que una tercera espera en el útero su turno para empezar el ciclo. A los 4 meses ya se atreven a sacar la cabeza de la bolsa de vez en cuando. Después de pasar unos ocho meses en la bolsa, el pequeño canguro ya está suficientemente crecido como para salir. Todavía seguirá mamando durante bastante tiempo, pero paulatinamente irá sustituyendo la leche por bocados de hierba, la madre asea a su cría y la vigila siempre, pues resulta un plato apetecible por los depredadores. Ante el menor peligro, el joven entrará en la bolsa de nuevo y permanecerá allí hasta que desaparezca la alarma. En seguida aprenderá a desplazarse a cuatro patas, pero tardará en poder correr a saltos como sus padres. La madre, en cambio, puede brincar a la carrera perfectamente con su cría crecida dentro del marsupio. Durante un año, la madre canguro sigue ocupándose de su cachorro: lo alimenta, como es natural, pero también juega con él, posiblemente para iniciarlo en combates futuros. Alimentación Todos los canguros se alimentan de vegetales, hojas o preferentemente hierba. Las especies más primitivas tienden a ramonear, mientras que las más modernas suelen pastar. Así, el canguro es herbívoro. Una de las actividades que los canguros suelen realizar en grupo es alimentarse. De este modo, están más seguros si se acerca un depredador. Al menor peligro, el repentino movimiento de uno de ellos puede desatar la huida de todo el grupo. El canguro corta la hierba con los tres incisivos superiores, que aplica sobre los inferiores y mastica muy bien las plantas para no tener que regurgitarlas y rumiarlas, como sucede en las especies más evolucionadas. Por ello, los molares se desgastan mucho, por lo que tienen un avance continuo hacia delante y se renuevan hasta cuatro veces. El estómago es muy distinto al de los rumiantes: está tapizado de células que segregan un líquido rico en bacterias cuya secreción enzimática facilita el proceso digestivo al degradar la celulosa. Muy voluminoso, cuando está lleno el estómago puede constituir el 15% del peso del animal. Cuando ramonea, el canguro se inclina hacia adelante y se desplaza muy lentamente sirviéndose de sus cuatro patas, un poco a la manera de los conejos. Posa sus patas delanteras en el suelo y avanza la cola hacia el cuerpo, haciendo bascular las patas traseras. El peso se desplaza entonces hacia la parte trasera del cuerpo y hacia la cola, que hace la función de quinta pata. Los estudios realizados para valorar el gasto energético del canguro en sus desplazamientos han demostrado que, cuando un canguro se mueve a menos de 18 km/h, gasta más energía que un animal del mismo peso que corre con las cuatro patas. En cambio, cuando acelera, el canguro gasta menos oxígeno, gracias al almacenamiento y después a la liberación de energía en sus elementos elásticos. El canguro está adaptado a los parajes desérticos, pero ello no significa que desprecie el agua cuando está disponible: en pocos minutos puede beber hasta el 10% de su propio peso. Si no encuentra agua, evita al máximo la deshidratación: es más activo de noche, se refugia a la sombra y se lame la piel en las partes del cuerpo en que la sangre circula cerca de la superficie. También come una mezcla de plantas y raíces que le ayuda a prevenir la deshidratación. Depredadores Antiguamente, las tierras australes estaban pobladas de criaturas enormes, como el lagarto monitor gigante, que con sus 7 m de longitud y más de 600 kg de peso sin duda daba buena cuenta de los antepasados de los canguros. Pero en la actualidad ya no quedan depredadores de este tamaño. Hay marsupiales carnívoros, pero la mayoría son diminutos y ninguno puede atacar a los grandes canguros. Para encontrar los que sí lo hacen hay que salir del mundo de los marsupiales: algunas serpientes, águilas, el dingo (un perro salvaje que acosa en grupo a los adultos del canguro) y el hombre. Los canguros son aborrecidos por los criadores de ovejas australianos, ya que arrasan los pastos, y son perseguidos y exterminados tanto por su piel como por su carne. Por fortuna se ha dado la voz de alarma: su caza está reglamentada y se les han asignado parques naturales reservados. Siempre que un canguro aislado es atacado por una jauría de dingos (Canis familiaris dingo) o de perros salvajes, huye hacia el agua, donde intenta ahogar a los dingos manteniéndose de pie en ella. En caso de que esta táctica no dé el resultado apetecido, a veces debido a la escasa profundidad del agua, el canguro se apoya contra un árbol y rechaza a los asaltantes asestándoles enérgicos puntapiés, a menudo mortales cuando alcanzan el blanco. El canguro rojo (macropus rufus) El marsupial más grande: El canguro rojo es el marsupial vivo de mayor tamaño, pues los machos viejos pueden acercarse a los 85 kg de peso y superar los 2 m al erguirse sobre sus enormes patas posteriores, sin contar con la cola que puede superar el metro de longitud. Un carácter distintivo con respecto a las demás especies es la franja blanca que presenta en la mejilla. La parte frontal del hocico es blanquecina con manchas negras o marrones oscuras y el extremo está parcialmente desnudo (sin pelo). El canguro gigante (Macropus giganteus) Pese a su nombre, no es mayor que el canguro rojo. Es de color gris plateado y su hábitat son los bosques y sabanas boscosas del este australiano. Forma parte de las especies amenazadas desde 1980 y en la actualidad está protegido por las leyes de su Estado que regulan la concesión de los permisos de caza.
 
 
 
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